Cuando la cementera Yura S.A.C. comenzó con sus operaciones de fabricación en los alrededores de la Estación del Pueblo de Yura al norte de la ciudad, en el otro extremo en el Pueblo de Chiguata el fin para el núcleo comercial que parecía jamás se acabaría se asomaba y sus pobladores no lo aceptaban.
“BIENVENIDOS A CHIGUATA”
Un arco de cemento ubicado a 700 metros de la plaza del Pueblo de Chiguata da este saludo mudo a quien se anime a visitar el distrito solitario, como lo es ahora este pueblo. Para llegar al lugar y poder leer este saludo uno se demora 40 minutos aproximadamente desde el centro de la ciudad. Chiguata parece impaciente cada vez que el bus va recorriendo sus curvos caminos como si se tratase de la mano de un cirujano buscando el lugar por donde se hará el corte definitivo. Una geografía singular se dibuja en los ojos del visitante cuando por la ventana del bus se van divisando los 460.81 kilómetros cuadrados con los que cuenta la tierra de “todo el año frío”, significado que se traduce de los vocablos quechuas “chiri”, que significa frio, y “guata” que significa año. El mismo que fue fundado el 22 de Enero de 1540 por el encomendador Diego Hernández.
El calor castiga toda la plaza y parece respetar tan sólo al Templo del Espíritu Santo. El mismo que fuese construido completamente con sillar esto durante el siglo XXVII y en el cual los lugareños festejan con bastante fervor la fiesta patronal el día 24 del mes de Junio.
Hoy en el sector conocido como La Bedoya sólo quedan los restos de lo que alguna vez intento ser Chiguata, un pueblo con futuro y fue precisamente ese mismo futuro quien se encargo de olvidarlo y mudarse a otros senderos; ahora Chiguata parece ser sólo el recuerdo en la memoria de quienes emigraron y una mentira en la razón de quien escucha ese nombre por primera vez.
LOS VECINOS DEL AYER
Hubo un restaurante alguna vez, uno donde los viajeros que iban hacia el sur del país podían comer, beber e incluso pasear un momento mientras el chofer del bus interprovincial daba un último mantenimiento al motor antes de reiniciar el viaje. Aquel restaurante perteneció a dos hermanas a quienes se les puso el apodo “Las Gatas” esto debido a sus claros ojos pardos y ese mirar exótico al momento de conversar. Ellas vinieron del anexo de Pati que pertenece al distrito de San Juan de Tarucani y todos las recuerdan como mujeres visionarias pues vislumbraron una oportunidad de progresar en aquel lugar, como era La Garita de Control Aduanero ubicada allí donde inicia el Pueblo de Chiguata, pero el tiempo se encargo de desilusionarlas pues lo que parecía un prospero negocio quebró y hoy Las Gatas viven en Arequipa y no se dedican más al negocio de los restaurantes.
Hoy el visitante sólo encuentra algunas casas, que parecen estar abandonadas por sus descuidas fachadas y porque el polvo se ha encargado de cubrirlas de un manto blanco como queriendo hacerlas parte de este amplio descampado desértico. Don Juan Cornejo es el propietario de una de estas casitas, que tienen paredes de adobe y un techo de paja prueba irrefutable de su antigüedad, él vive aquí desde 1943 junto con su esposa Doña Aurelia, ellos tuvieron cuatro hijos los cuales ya no viven aquí pues prefirieron mudarse a Arequipa dejándolos solos y es precisamente en esta soledad en la que los recuerdos de la niñez en Don Juan afloran cada mañana cuando se alista para ir a trabajar en sus chacras, pues su casa está justo frente a la garita del control y a lado del lugar donde los buses se estacionaban para ultimar detalles antes de continuar con su largo viaje al sur. Y como si la vida no se cansase de recordarle todo lo que pudo ser allí Don Juan también tiene que ver como algunas empresas de agregados están acabando por deformar este paraje mediante la extracción de caliza y tiza contribuyendo así para que aquel manto blanco siga cubriéndolo todo, en su afán por hacer de este lugar, La Garita de Control, un recuerdo más en el olvidado pueblo de Chiguata.
De aquellos inmensos Buses Interprovinciales, que a veces le hacían perder la cuenta a uno por su gran número por día, alrededor de 50 buses. Hoy sólo quedan unas cuantas Combis Coaster de la Empresa Audaces Tours, que es la única empresa de transporte urbano hacia este pueblo de Arequipa siendo su tarifa de un nuevo sol a quienes tienen como destino la zona de Los Portales, el último pueblito que se encuentra en la ruta hacia Chiguata esto en el distrito de Paucarpata. Y dos soles a los que se dirigen al mismo Pueblo de Chiguata. A un kilometro de llegar a Chiguata se cruza un puente Chiguata que sirve como paso por encima del río del mismo nombre.
CARRETERAS OLVIDADAS
Nadie en la garita sabe que el nombre real de esta carretera, en Provias Nacionales para este tramo esta registrado como Carretera Nacional Arequipa. Pati – Santa Lucía – Juliaca – Pucará – Macusani – San Gabán -Inambari – Puerto Maldonado – Iberia – Iñapari, que increíblemente sigue registrada como carreta a trocha un tramo que fue una vía de bastante importancia para llegar al sur del país y que hoy es utilizada por aspirantes a conductores que vienen a practicar manejo por esta carretera con el touring automóvil de Arequipa y algunos buses independientes que cubren las rutas Ubinas, Moquegua y anexos lejanos del pueblo siendo estos lo único que queda de las empresas que alguna vez pasaban por aquí como fueron: Julsa, Jacantaya. Aragón entre otras.
HASTA QUE NOS OLVIDEN
La salida hacia puno siempre estuvo relacionada con Chiguata, por el control aduanero, puesto policial y negocios que aquí se desarrollaron, pero es en marzo de 1958, año en el que se forma Cementos Yura S.A. que el futuro se desviaría de Chiguata y se establecería en el sector de la calera perteneciente a Yura. La Junta de Rehabilitación y Desarrollo de Arequipa presidida por Fernando Chaves Belaunde. Decide formar la fábrica cementera y de esta manera el desarrollo comenzaba a instalarse en este otro polo de Arequipa, debido al rubro de la fábrica la antigua carretera a trocha que aquí existía tuvo que ser modificada y asfaltada. Con esto en contra la ruta por Chiguata se vio afectada poco a poco las empresas de servicio interprovincial fueron prefiriendo la nueva ruta que era más ideal y rápida.
Mientras que en la zona de la garita de Chiguata las cosas se iban tornando grises, los buses comenzaron a disminuir, las personas ya no bajaban a relajarse ni a comer. Y poco a poco lo que alguna vez fue un paraíso natural como comercial se fue marchitando.
Hoy Don Juan y Doña Aurelia sólo pueden dedicarse a sus actividades agrícolas y ven todos los días como empresas de agregados van deformando lo que alguna vez fue la garita de Chiguata. Hoy al parecer solo queda un “pasado” mañana para este pueblo. Sus pobladores no tienen tiempo para preocuparse por cosas que no sean sus actividades económicas. Muchos critican a su alcalde, Peter Humberto Benavente Ramos, de no vivir en Chiguata y de no hacer nada por devolverle la importancia a este lugar.
El sol va tornando todo de rojo mientras Aurelia se sienta a ver con nostalgia las casas que hoy lucen vacías de gente, acompañadas del puesto de la policía forestal. En la garita solo quedan vestigios de lo que fue la barra de control, dos tubos metálicos color café por el oxido empotrados en el suelo dan testimonio de lo que alguna vez hubo aquí, señales de transito despintados aun cumplen esa función de advertir y recordar a los pobladores lo que pudo ser su futuro. Policías que parecen no gozar cuando un bus se acerca y al cual hay que registrar aunque sea asomándose a la puerta. Son lo único que ha quedado de esa época de gloria cuando policías y chóferes bromeaban o los pobladores ofrecían sus productos a curiosos pasajeros que se asomaban por las ventanas.

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