DE PIE SIEMPRE DE PIE, AUNQUE JUAN PREFERIRÍA TENER EL TRINEO Y ALGUNOS RENOS PARA PODER AMORTIGUAR EL TIEMPO NECESARIO QUE LE IMPLICA ACABAR DE VENDER LOS CHOCOLATES Y CLARO PARA QUE SU PERSONIFICACION DE PAPA NOEL ESTE COMPLETA.

¿Papa Noel? es la primera palabra que pronuncian los peatones de la calle La Merced con la emoción de niños que ya aprendieron a hablar al verlo con su atuendo navideño en pleno mes de Junio, pero este navideño personaje en pleno día acalorado nunca pensó que un viaje al Cusco, con el motivo de visitar a sus suegros significaría el génesis de su permanente personificación de Papa Noel y ahora el trabajo que no sólo le brinda la satisfacción de encarnar al personaje mundial de la Navidad sino también un techo, la comida y ropa para vestir aunque él se la pase todos los días de la semana utilizando únicamente su disfraz de Papa Noel.

Vestirse de Papa Noel no sólo implica la ardua labor de responder cada saludo amigable de los turistas o saber que es gracias a ese personaje que Juan puede vender sus chocolates y así ganar dinero para subsistir pues gracias a este traje también pudo conocer al  ex presidente Alberto Fujimori, acusado hoy por cometer delitos de lesa humanidad del mismo modo conoció a una congresista con un pasado de lentejuelas y también a un ministro de economía tacaño pero no sólo experiencias alegres le brindo su trabajo como Papa Noel pues termino peleándose con alguno de sus amigos, que opacados por la envidia de su singular popularidad o algo mas, lo tildaron de alcohólico y proveedor de droga entre otras cosas.

De todos esos amigos con quien termino su amistad recuerda con especial sentimiento a Walter Romero Peralta, locutor  de una radio local con él cual según me dice Juan llegaron a un punto de discusión en el que intercambiaron algunos golpes pues Juan será Papa Noel o Santa Claus pero no tiene una paciencia santa.

¡Papa Noel! ¡Santa! Son sólo algunas de las palabras que recibe en tono de saludo  cuando se encuentra por las inmediaciones de la plaza de armas, con su atuendo dibuja desconcierto en los rostros de turistas que mueven sus ojos como si se preguntasen si ya es Navidad, cuando no hay turistas a los que pueda sorprender aprovecha para regalar momentos alegres a los niños, quienes al verle no lo piensan dos veces y se hacen tomar fotos con Papa Noel por sus padres.

Es que Arequipa tiene su Papa Noel eterno no sólo por doce meses porque si el año tuviese más igual lo tendría pues este hombre vive de eso.

Una de las preguntas que todos se hacen pero nunca se la hacen a él, es de donde salió su traje, es verdad que nuestro Papa Noel se adueño del espíritu navideño pero sus ropas no fueron producto de duendes  mágicos o nórdicos nomos sino el obsequio del Cuerpo General de  Bomberos de Arequipa y su correaje patrocinado alguna vez por una conocida marca de productos en cuero.

Tampoco reparte regalos. No cuenta con un saco abultado y mágico aún sus barbas albinas no esconden sabiduría ni mucho menos un rostro blanquiñoso pues estas son el resultado de un delicado ritual en base a esmalte blanco que no respeta sus pronunciadas pestañas ni abultadas cejas.

Con todo esto ha aprendido maneras de no perder protagonismo una de ellas es el fosforescente color de uno de los dos trajes que tiene y cual viste ahora uno de color verde luminoso que lo hace notorio como un lunar grande en la piel de un albino. Aunque haya otros que prefieran pensar que ha este Papa Noel también le importa la preservación del Medio Ambiente.

“Yo he conocido a grandes autoridades pero el personaje que más recuerdo y con gracia es Eloy Vera – policía modelo – ese policía me estimaba bastante; hubo situaciones en las cuales, para no opacarlo con mi personaje, recuerdo que me botaba de su zona a la otra esquina de la calle, recuerdo que se picaba” expresa mientras ve con atención el color de las luces del semáforo, no puede darse el lujo de perder una luz roja esto implicaría más horas de espera para acabar su bolsa de chocolates.

Se trata de Juan Roberto Mamani Paz, tiene cuarenta y cuatro años de padre peruano y madre boliviana. Se ha convertido en todo un personaje del centro histórico al punto de pensar que también es parte del patrimonio cultural de la humanidad pues es imposible imaginárselo fuera de este.

Sus lugares preferidos o como dice él “donde uno raya vendiendo” son las calles La Merced, San Francisco, Plaza de Armas. Aunque su favorita es la portezuela de la plaza (Mercaderes con el Portal de Flores). Allí donde sólo los caudillos de antaño como Francisco Mostajo presidían los mítines en cada gesta o revolución. En ese mismo lugar donde un 20 de junio del 2007 Guillen Benavides quiso sentir esa sensación y fue rechazado con insultos y agresiones. Ahí Roberto se siente como rey en su trono.

La primera vez que converse con él fue en una protesta confundiéndose entre las personas, Juan mira con cierto placer onanista a la gente, que lleva sus carteles y bambalinas, haciendo bulla y emitiendo arengas y reclamos, el sabe que eso no sólo implica protesta sino también negocio. Asimismo ante cada protesta popular emana en él cierta nostalgia pues para él las huelgas y demás manifestaciones son como cumpleaños y no es para menos. Juan aun recuerda que sus inicios como vendedor de dulces no fueron nada mágicos, su éxito comenzó a elevarse como espuma durante el mes de Junio del año 2002 fecha en que Arequipa paralizo por 14 días.

Y en los cuales Juan protesto con su traje rojo de Papa Noel. No repartió regalos en su lugar aventó piedras, se sumaba a las caravanas de manifestantes y tocaba con tal fuerza su silbato que este parecía apoyarlo con su sonido.

Siempre con su bolsa de chocolates en la mano incluso regalo algunos a los manifestantes asfixiados por las bombas lacrimógenas lanzadas aquel día por la policía que intento tomar el control.

Hasta que en uno de esos días convulsionados se metió en la pileta de la Plaza de Armas y se trepo sobre el Tuturutú. Fue esa escultura hueca que anunció con su trompetín la naciente fama para Juan y ser reconocido como el Papa Noel de Arequipa.

Ha tratado con un sinfín de personas pero lo que siempre recordara es haber participado en la gesta de junio contra la privatización de EGASA. “Cada vez que veo una huelga es como volver a festejar mi cumpleaños” recuerda.

Juan recuerda que se dedica a la venta de chocolates hace diez años. En 1993 salió del ejército, al cual sirvió como buen patriota me dice, pero jamás pensó que terminaría viviendo de la venta de chocolates.

Para el no existen feriados, paros ni huelgas. Aprovecha las horas punta cuando la congestión vehicular es glamorosa y los bocinazos hacen temblar los tímpanos es precisamente en esos momentos en que Juan es feliz pues un semáforo en luz roja para él es la posibilidad de vender sus chocolates.

“Lo que me motiva seguir adelante son mis cuatro hijos, sé que no soy un modelo de padre pero tengo que dar lo mejor de mí. Se ha dicho varias cosas  acerca de mí por ejemplo que vendo droga y que soy alcohólico, eso me ha costado la simpatía de algunas personas. Antes todos me saludaban de buena manera ahora hay chóferes que se pasan con las ventanas de sus autos cerradas o si los saludo miran para otro lado eso si duele más que estar de pie sin haber vendido nada”.

Su voz es algo áspera, toda su persona refleja la dieta de un buen peruano y el sol se ha encargado de darle ese color ébano a su rostro el cual no sólo refleja el resultado del ritual estético obligado de todos los días sino la nostalgia y el padecimiento rutinario.

Camina lento como si las botas le pesaran, pero le pesa la dureza de la vida que le toco afrontar. Ahora su ruta de mercader de chocolates ha sido limitada a unas cuantas calles y se le puede encontrar con mayor seguridad en la calle La Merced.

“Mi horario de trabajo no es de ocho horas, yo me pongo la meta de acabar como sea la bolsa de chocolates, si tengo que quedarme todo el día me quedo. Este ingreso me permite mantener a mi familia y otros gastos que siempre se aparecen a última hora”.

A este Papa Noel también le pico el bicho de la política e intento postular como regidor para el municipio provincial, por un partido independiente, fue una frustración mas no haberlo conseguido. Gracias a su amigo locutor fue lapidado, Juan contiene su furia al momento de recordarlo y asegura tener fotos que probarían lo contrario de las acusaciones que le hiciera su ex amigo, ni que hacerle esta santa tiene su carácter.

Son las seis de la tarde y es hora punta ya no puede perder más tiempo la bolsa en su mano parece reclamarle por el frió con el crujir del plástico y se retira a vender su contenido, Juan rompe el concierto de bocinas de la calle La Merced con su tosca voz anunciando el dulce de sus productos.

Ahora sólo piensa llegar a navidad con la alegría de antes, no piensa colgar el traje y no descarta ser un Papa Noel hasta que venga el trineo celestial reclamándolo.