Hay muchas maneras de conocer Arequipa pero en el pueblo de Yura, a una hora en bus  y otra caminando, esa curiosidad, toma realmente sentido.

Desde el centro de la ciudad solo existe una y es caminando.

Aquí la naturaleza parece tener conocimiento del tesoro que alberga en sus entrañas color verde rojizo y a la vez intenta esconderlo razón por la cual, quizás, se ubicó en el seno de un desierto, sumándose a esto el singular trajín que diseñó, con el pasar del tiempo, para poder imaginar y ver su tesoro. Toda una travesía es la antesala para llegar a un valle donde lo que abunda son las caídas de agua con una altura mínima de 15 metros la más modesta; este lugar es conocido como Ccapua y su máxima soberana es una catarata de 50 metros que nos hace recordar lo insignificantes que podemos ser ante el poderío y la fuerza de la naturaleza. Pues nos espera, cual soberana absoluta, al final de este improvisado valle. Siendo el afluente principal de la mencionada catarata los deshielos del nevado Chachani que se encuentra en el fondo de este paisaje cual titán guardián.

LLEGANDO…

El visitante tendrá que lidiar primero con un paisaje árido donde el sol parece ser la única compañía, si es que se va solo, y si el trajín es en grupo el astro luminoso será una especie de guía. En esta primera etapa de la excursión podrá experimentar la apariencia interminable de las planicies y las cuestas que nos brinda el paisaje como invitándonos a que las exploremos.

Así como las más alucinantes panorámicas del sector conocido como la Calera y las instalaciones de la cementera ubicada en las afueras de este, que para muchos está acabando con la belleza de los únicos atractivos turísticos que hay.

Luego de caminar por los dominios del sol, a lo lejos divisara los primeros matices de fertilidad, campos de cultivos nos alientan con la promesa de encontrar agua escurriéndose entre sus plantaciones de cebolla, papa y maíz. No hay duda estamos cerca del Valle de las Cataratas de Capua.

Este angosto valle, no obsequia como primer premio a nuestra aventurera osadía su extraordinaria entrada y la más pequeña de las cataratas, siendo un hilo de agua el único vestigio de la húmeda soberanía a partir de ahora.

Campos de alfalfa, farallones de piedra volcánica, desmontes de tierra son advertencias que la naturaleza nos brinda para no olvidar nuestra condición de visitantes.

A menos de un kilómetro de la entrada el camino desaparece y hace su aparición un riachuelo al  que se conoce como el Riachuelo Capua, de transparentes aguas. Hay tramos de este ensombrecido camino natural donde el riachuelo es moldeado a voluntad de las inmensas rocas que en un tiempo pasado cayeron y ahora cumplen el papel de guardianes y domadores de este riachuelo.

El ambiente en esta también denominada quebrada, cambia constantemente y la flora que abunda es representada por la “cola de caballo” que crece a libre albedrio compitiendo con los carrizos y arbustos muy aromáticos.

Usted encontrara en todo el trayecto alrededor de tres cataratas, y luego de surcar enormes rocas, pequeñas cuevas y el cambiante clima de lo frio a  lo cálido cual recompensa esperando ser reclamada la Catarata de Capua hace sentir su presencia a través del rugir de sus aguas golpeando el suelo donde yace una fuente como si intentase contener toda el agua agua que cae.

Quedarse con la boca abierta es un requisito, casi como la invitación a un matrimonio, pues tendrá que elevar la cabeza la mirada y aun así no podrá divisar, en un primer momento, la altura real de este majestuoso capricho del agua en complicidad con la naturaleza.

EL SALUDO Y ADIOS

Luego de haber caminado en promedio una hora y media, y estar de pie o sentado frente a esta gran hilera de agua, cayendo. Uno no tiene reclamo alguno, pues no sólo vera la catarata, el paisaje local lo cautiva por su geografía, pues en un area no mayor de  70 metros cuadrados puede ver la flora diversa de este lugar, que pareciera rendir homenaje a su soberana liquida a esto hay que sumarle, que también será presa de esa osadía de la curiosidad al querer saber cómo se siente estar, a los pies de la Reyna acuática de este pequeño valle. Si se anima a ser bañado, por sus aguas heladas, sentirá un estremecer por la fuerza y la violencia con la que lo acarician algunas gotas, que parecieran querer separarse del caudal en plena caída libre, dando la sensación de pequeños golpecitos al momento de alcanzar su cuerpo.

Es recomendable quedarse en promedio una hora, después de haber llegado, ya que con el inicio de la tarde el clima aquí es muy perceptible cuando las horas van pasando al extremo de ser tan frio y cambiar bruscamente a lo caliente.

El regreso se hace menos complicado, pues, ya no lo sorprenden los paisajes, y el frio de la tarde va acelerando el paso al ritmo de la certeza que después de dejar el valle la sensación de relajo será indescriptible, pues gracias al paisaje, el agua, ese ruido de lo natural, y la caminata a uno lo hacen olvidar de todo lo que existe en la ciudad.

Un consejo, si es que no fue en auto, tendrá que pasar por el pequeño desierto al inicio de la ruta por lo que deberá llevar agua, pues en horas de la tarde el sol de Yura abraza esta planicie con sus poderosos brazos incandescentes.

Altitud: 2100 msnm

Distancia: 50 km del centro de la ciudad

Temperatura: máx. 14ºc – min 11ºc en sombra

Clima: cálido seco